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MUSICA ESPAÑOLA PARA PIANO A CUATRO MANOS, VOL. 1
ANGEL HUIDOBRO Y JUAN MANUEL CONSUEGRA



MANUEL DE FALLA (Dos danzas de "La Vida Breve"): Primera danza española. Segunda danza española. JOAQUÍN RODRIGO (Integral de la obra para piano a cuatro manos): Juglares. Atardecer. Gran marcha de los subsecretarios. Sonatina para dos muñecas (Empieza el día. Alegres peripecias. Recogimiento. Vuelta del cole). ENRIQUE GRANADOS (Dos marchas militares): Primera Marcha. Segunda Marcha. ÁNGEL OLIVER (Seis piezas infantiles): De paseo. Los cinco deditos. Canon. Melodía. El viejo reloj. Triste habanerita). JOSÉ LUIS TURINA (Tres palíndromos): Madam, I'm Adam. No deseo ese don (REconocER). Anita, la gorda lagartona, no traga la droga latina. ANTÓN GARCÍA-ABRIL: Zapateado.

 

Se acabó el “Premanuel de Antefalla” impersonal con la llegada de “La vida breve”, que gana el concurso de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y abre a Manuel de Falla el camino esplendoroso que se merece nuestro músico genial. Siempre afirmé que, con las salvedades que se desee formular, es una ópera y también una zarzuela grande, en definitiva, una música ya con una acusada personalidad, que determina una partitura de muy singulares perfecciones, en la que sus dos “Danzas Españolas” podrán erigirse como puntos los más brillantes de una orquesta suelta y rica. En la Primera -en esta transcripción a 4 manos a la que nos estamos refiriendo-, se dejan advertir ciertos “arreglos” que aspiran a contribuir al mayor desenfado de la página brillante, que sigue a las “soleares” del “cantaor” y la guitarra, en la fiesta de los esponsales de “Carmela” y “Paco”. La Segunda, reconocido por no pocos comentaristas, incluye  la “petenera” o “malagueña”, con sus ritmos entrecortados, animados por el “jaleo” propio del baile andaluz.

Hace ya unos once años ( 1996), decía en la segunda edición de mi “Joaquín Rodrigo (Su obra para piano)” que, “estos estudios los refiero solamente a aquellas obras escritas para piano solo”, refiriéndome a la primera de mis publicaciones sobre el gran músico invidente. Quedaban, pues, excluidas sus composiciones para 4 manos, que son en su total: Juglares (1923), Gran marcha de los subsecretarios (1941), Atardecer (1975) y Sonatina para 2 muñecas (1977), las que se recogen en este registro magníficamente interpretado por Ángel Huidobro y Juan Manuel Consuegra, y éste será uno de los mayores relieves del mismo: su interpretación, tan limpia como llena de matizaciones de toda índole. Juglares, escrita originalmente para orquesta en 1923, la reduce el autor “para piano a cuatro manos”, se edita en 1955 y es una corta página (de cinco minutos de duración) con regusto francés, entre lo rudo y lo sencillo, aunque ya con perfume “rodriguero”, respetada la forma elemental de A-B-A. Atardecer data de 1975/6, oscilando su problemática interpretativa entre lo puramente contemplativo y una segunda parte endiablada, de dificilísimo encaje aunque eminentemente personal, en un momento de insuperable brillantez. La Gran marcha de los subsecretarios, está dedicada “A Antonio Tovar y Jesús Rubio” y data de 1941, cuando los dos amigos del maestro ocupaban cargos de Subsecretarios ministeriales; seremos ya pocos los que recordamos su estreno, cuando se dijo “que la obra estaba en la tonalidad menor ( Si menor ), porque de Subsecretarios se trataba, ya que si hubieran sido Ministros se hubiera escrito en la modalidad mayor…”, algo que, conociendo la fina ironía del maestro, cabe achacárselo a él mismo; su escucha nos trae lo “encopetado” de lo oficial y rezuma gracia por todos sus poros, con un lucimiento instrumental bien desarrollado. Por último, me refiero a la Sonatina para dos muñecas, en sus cuatro movimientos (I-Empieza el día. II-Alegres peripecias. III-Recogimiento. IV-Vuelta del cole); la escribe nuestro admirado Joaquín Rodrigo, en 1977, dentro de unos fines pedagógicos, pensada “Para Cecilita y Patty”, nietas del compositor fruto del matrimonio de Cecilia, su hija, con el prestigioso violinista Agustín León Ara; su perfume es infantil por completo, cantos infantiles o de corro que uno no acierta a concretar y sí se recuerdan vagamente; no son ni más ni menos…

Las Dos marchas militares , de Enrique Granados, vienen a ser dos momentos apenas contrastados, que al escucharlos nos hacen adivinar el kiosco donde la Banda Municipal “ameniza” el paseo por la Alameda, y no será aventurado incluirlo dentro de las “Seis marchas militares” compuestas por el autor de las célebres “Goyescas”; a una de ellas, titulada en francés “Marche militaire” aludo en mi libro sobre el piano del gran romántico español, como ejemplo de este género, por él frecuentado, indudablemente, debido a haber transcurrido su niñez en un ambiente castrense, dado que su padre fue Capitán de Infantería; de las Dos marchas militares, originales para cuatro manos, la Segunda, dedicada a S.M. el Rey D. Alfonso XIII, posee un evidente garbo madrileño y ya acusada personalidad en ciertos giros, aunque el aire “de salón” predomine en ambas.

Ángel Oliver, acaba de dejarnos falleciendo en Madrid, en legándonos el buen recuerdo del músico bien formado, que se refleja en sus composiciones de trazo independiente y siempre sólido. Así se admira en sus Seis piezas infantiles , para piano a cuatro manos: marchando contentos y felices en su De paseo inicial, en el hábil y cortísimo Los cinco deditos (la brevedad suma será característica en la entera composición) , seguida de un Canon sencillo y adecuado, continuado por una Melodía también breve e inspirada, así como por la alusión a El viejo reloj que cuenta las horas hogareñas, cerrado su transcurso encantador por una Habanera, de dulce balanceo lento, dentro de atrevimientos “audaces” en su estimación armónica.

José Luis Turina, nieto del prestigioso compositor de “La oración del torero”, entre tantas más frecuentadas partituras de todo género, es reconocido compositor de nuestro actual quehacer en Música. Sus Tres palíndromos ( la RAE define esta palabra en un significado de “que se lee igual de izquierda a derecha, que de derecha a la izquierda”), en otros tantos momentos: Madam, I’m Adam, diálogo entre dos diferenciados lamentos, llegando a lo brutal y desenfadado; No deseo ese don (REconocER), como inevitable reconocimiento; y Anita, la gorda lagartona, no traga la droga latina, el más ambicioso de los tres números y escolástico de altas aspiraciones, brillantemente trazado por un músico con inquietudes auténticas.

Antón García Abril, turolense insigne, con prestigio bien ganado, en su Zapateado, tras su corta y brillante introducción, escribe un desenfrenado momento que, ante todo, quiere ser exponente virtuoso de sus intérpretes; brillantísimo colofón de un registro, sin que dejemos de prendernos en su rica temática, en todo momento envuelta en la rica factura de un fabuloso teclado. (Antonio Iglesias).

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