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25 Noviembre 2017
 
 
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JOAQUÍN GARCÍA (1710?-1779): AY! QUÉ PRODIGIO (TONADAS, VILLANCICOS Y CANTADAS PARA VOZ SOLISTA CON INSTRUMENTOS)
ESTIL CONCERTANT (OLGA PITARCH, SOPRANO)



JOAQUÍN GARCÍA SANCHÍS: Ay! Qué prodigio (Villancico al Ssmo. Sacramento). Dejádmele dar (Villancico al Ssmo. Sacramento). JUAN PLA (ca 1720-1775): Sonata en Sol Mayor para flauta, violín y bajo. Asombroso milagro (Cantada al Ssmo. Sacramento). Ah, del rebaño (Tonada al Ssmo. Sacramento). Quién ha visto cosecha (Villancico al Ssmo. Sacramento). JUAN OLIVER Y ASTORGA (1733-1830): Sonata II para dos flautas y bajo. Tremendo Sacramento (Cantada al Ssmo. Sacramento). Oh, Dios inmenso (Cantada al Ssmo. Sacramento). Atención que hoy empieza (Cantada al Ssmo. Sacramento). Fuera, fuera (Villancico-tonada al Ssmo. Sacramento).

 

ESTIL CONCERTANT son: Olga Pitarch (soprano), Marisa Esparza (flauta travesera barroca), Fernanda Teixeira (flauta travesera barroca), Lina Tur-Bonet (violín barroco), Ruth Verona (violonchelo barroco), Pablo Zapico (guitarra y tiorba barroca) y Laura Puerto (clave).

 

El joven valenciano Joaquín García Sanchís pudo haberse formado musicalmente en la iglesia colegial de San Felipe de Játiva, no sabemos con qué maestros. Pero es lo cierto que a sus scasos veinte años era un cembalista, violinista y compositor de mucho fuste. Probablemente llegó a Madrid con el entorno de músicos que, procedentes de Valencia, arribaron a la corte con Francesco Corradini en los primeros años treinta, y que por tanto no sólo tuvo una formación en capilla religiosa sino también una experiencia en los fosos teatrales en que se expandía ya por España la ópera italiana.

En España, el debate teórico musical del siglo XVIII se hace eco de una gran preocupación por la incidencia de la música teatral y profana en la producción de las capillas de las iglesias. La presión eclesial fue enorme para evitar tal intromisión en los momentos de la liturgia. Y esta recomendación aflora frecuentemente en las actas capitulares por toda España, también en Canarias a partir de la llegada de García, cuando se detectan ciertas licencias en la música de sus maestros. Quieren los señores canónigos una expresión seria y sobria para sus misas y horas solemnes. El resultado es que se produce un gran divorcio entre la producción en latín para el tren litúrgico de las catedrales, donde pocas cosas geniales cabe descubrir en nuestro siglo XVIII, y una válvula de escape absolutamente distinta en la estética de la producción para litúrgica en castellano de los mismos maestros de capilla. Los villancicos de Navidad y Corpus, que ya en el siglo XVII incluyen romances y seguidillas, van a ser aún mayores referentes de lo popular en el XVIII, y vendrán acompañados de un nuevo género que alterna con ellos: la cantada italiana con su recitativo y aria da capo. Joaquín no es una excepción en este contexto. Sus obras en latín no suelen sobrepasar el nivel estándar de esa "música de capilla" tan tópica que cultivan en su tiempo todos los maestros de las catedrales hispanas. Pero cuando borda los textos en castellano, aflora otra personalidad suya, aflora él mismo, con su gracia y su genio no poco teatral, y es lo cierto que su producción de obras para voz solista con instrumentos objeto de este CD se sitúa entre lo mejor y más colorista de cuanto se compuso en la España de su época.

El repertorio de este Cd se circunscribe a 9 obras para voz sola con instrumentos obligados y bajo continuo: todo un concierto de sabor camerístico, donde lo religioso es el pretexto y la más puntera cultura musical de la España tardobarroca lo efectivo. Sus cantadas en nada difieren de las que se cantaban en los teatros entre los años 40 y 60 de su siglo, y sus tonadas están llenas de giros españolistas del mejor gusto. La retórica instrumental es sabia y eficaz: esas obras con violonchelo obligado, los violines, las flautas� ¡todo un manifiesto y testimonio de los colores musicales del sur, con sus ritmos trepidantes y requiebros salerosos! ¡Ay, qué prodigio!, exclamamos oyendo estas obras de Joaquín García. Y es que son, verdaderamente, un prodigio sabroso y placentero.

 

© 2009 Sedem

CD: 16.65 €
CD: 15.85 €
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