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CENTENARIO ALBÉNIZ (1860-1909)
GUILLERMO GONZÁLEZ, JUDITH JÁUREGUI, DIEGO FERNÁNDEZ MAGDALENO, ÁNGEL HUIDOBRO Y JUAN MANUEL CONSUEGRA (PIANOS)



ISAAC ALBÉNIZ (de la Suite Iberia) (piano: Ángel Huidobro): Triana. Rondeña. El Albaicín. MANUEL DE FALLA (piano a 4 manos: Ángel Huidobro y Juan Manuel Consuegra): Primera danza Española de "La Vida Breve". JOAQUIN RODRIGO (piano a 4 manos: Ángel Huidobro y Juan Manuel Consuegra): Atardecer. HEITOR VILLA-LOBOS (piano: Judith Jáuregui): Vals del dolor. ALBERTO GINASTERA (piano: Judith Jáuregui): Danza del viejo boyero. Danza de la moza donosa. Danza del guacho matrero. F. GARCÍA-ÁLVAREZ (piano: Diego Fernández Magdaleno): Aquel 28 de Marzo. A. GRÈBOL (Miniaturas) (piano: Diego Fernández Magdaleno): Tristeza. Angustia. Mal humor. Medicamento. Cotidianidad. ISAAC ALBÉNIZ (de la Suite Iberia) (piano: Guillermo González): Málaga. El Polo. Eritaña.

  

Isaac Albéniz es una de las figuras de la cultura y de la música española más apreciadas internacionalmente, por lo que ha sido objeto de progresivo reconocimiento a través de las conmemoraciones programadas en numerosos lugares del mundo durante 2009, año de su centenario y fecha vital para dar un nuevo impulso a su legado. Isaac Albéniz representa toda una filosofía de la música y, en particular, de entender la música española. Su obra es amplia y de intensidad pocas veces alcanzada. Marcó un rumbo definitivo, una mirada estética que se abrió paso entre diferentes estilos musicales hasta alcanzar sus más altas cotas.

 

En este sentido, la Obra Social de Caja España organizó un ciclo de nueve conciertos de piano en los que no solamente se incluyó la obra del gran maestro homenajeado, sino también la de aquellos que le rodearon, le dedicaron parte de su música o desarrollaron alguna actividad coincidente con él en el tiempo, tanto en España como en otros países.

 

Un Ciclo, por tanto, con visiones diferentes de la música de Isaac Albéniz y en el que diversos enfoques interpretativos se unieron para honrar al compositor que ha ensanchado los horizontes pianísticos y musicales a través de un camino personal e irrepetible por el que gracias al milagro de la música todos podemos transitar.

 

Este disco es por tanto una síntesis de lo que pudo escucharse en la serie de conciertos. Cada actuación pública es única e irrepetible, pertenece al momento y al lugar en el que se desarrolla, y de ahí proviene su extraordinaria singularidad, la magia del contacto directo entre intérprete y público, emisor y receptor de la obra de un tercero, el compositor. Por eso el disco quiere mostrarse como testimonio de todo aquello y, además, como definición de la propuesta estética que animaba todo el Ciclo: la de no limitarse a interpretar música de Albéniz sino a contextualizarlo y a señalar la influencia que tuvo �y sigue teniendo- en la creación pianística posterior.

 

Es costumbre estudiar a los compositores españoles aisladamente, como si su obra no estuviera enraizada en un espíritu más general y amplio, o se circunscribieran a los tópicos habituales y, ciertamente, descorazonadores, a los que se les ha reducido tantas veces y, de forma injusta e incomprensible, se les sigue reduciendo. Albéniz o Falla están en la cima de la música de su tiempo, sin límites geográficos. Su lenguaje, que tiene características netamente españolas, tiene también sus fuentes en los procedimientos que animaban a los más grandes músicos de su época, principalmente a los franceses, no sólo por vecindad, sino también por una sutil y delicada afinidad. Uno de los ejemplos está en la grandiosa Suite Ibérica, una de las obras pianísticas fundamentales de la historia de la música. Esto, unánimemente reconocido en la actualidad, ha sido fruto del tesón de algunos pianistas y de una defensa a ultranza por parte de creadores como Olivier Messiaen. Iberia es, en la música española, una frontera desde la que se abren posibilidades ignoradas de un lenguaje fundido al piano con procedimientos tan interdependientes que es difícil saber cuál de ellos es causa y cuál efecto. Albéniz no dejó de lado sus convicciones estéticas, que de manera tan vehemente defendió ante sus contemporáneos, sino que las hizo avanzar hacia una abstracción cada vez mayor.

 

Despojó lo accesorio sin renunciar a la densidad, en ocasiones extrema, de un tejido contrapuntístico, armónico y dinámico difícilmente superable, al llevar al límite las posibilidades del instrumento, no sólo desde el punto de vista técnico del intérprete, sino también del instrumento como medio. Es, por tanto, una complejidad que no rechaza la transparencia de su engranaje estructural. Entre los matices extremos no hay nada arbitrario o gratuito. Con todo, el mundo subterráneo de Iberia tiene su acceso a quienes busquen un sentido ingenuo reducido a los tópicos más simples.

 

En lo interpretativo se percibe una elección entre la coherencia y la lógica. Cuando se valora el mejor o peor acierto en lo conveniente de unas versiones y otras, podemos preguntarnos si debe ser prioritaria la lógica como corrección de los razonamientos, o la coherencia, como lógica subjetiva de aplicación en un determinado conjunto. Al elegir la primera, deberían ser indiscutibles las premisas para poder denominarlas correctas y, por consiguiente, las variaciones del resultado final serían mínimas, incluso en los matices más sutiles. ¿Pertenece esta opción a lo esencial de la música, cuando necesita del compositor y del intérprete? La segunda opción, más abierta, debe tener límites, dado que la coherencia puede construirse desde criterios totalmente alejados de una base objetiva imprescindible para mantener, aunque parezca paradójico, la unidad estética necesaria. Existe una intersección de ambas que suaviza la tensión dialéctica que generalmente se mantiene sin motivos sólidos.

 

Los infinitos recursos desplegados en esta obra han cimentado una nueva visión del piano, a la que no puede ser ya ajeno cualquier compositor que se enfrente a este instrumento. Mucho más, si cabe, en el caso de que el compositor sea español, o se haya empapado de esos cantos de ida y vuelta, de esas influencias mutuas a ambos lados del Atlántico, importantísimas para comprender todo el periplo existencial y artístico de Isaac Albéniz. En el presente disco hay también ejemplos de todo ello, que iluminan y ayudan, por tanto, a comprender lo sustancial del personaje.

 

En este disco pueden escucharse, además de una selección de Iberia, desde las resonancias de Manuel de Falla en una de las danzas de "La Vida Breve" a las músicas de la América Latina ­­�un territorio indisolublemente unido a la biografía albeniziana- representada por dos de sus figuras mayores: Heitor Villa-Lobos y Alberto Ginastera. Joaquín Rodrigo siempre manifestó que su estética estaba en el camino de Isaac Albéniz, del que era un admirador infatigable. Para redondear la amplia perspectiva y la voluntad de contextualización del ciclo, aparecen obras de dos compositores españoles contemporáneos: Francisco García Álvarez y Armand Grèbol. Por último, como no podía ser de otra manera, la música del propio homenajeado, el testimonio de un talento sobrecogedor.

CD: 15.00 €
CD: 12.00 €
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