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24 Septiembre 2017
 
 
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YO M'ENAMORÍ D'UN AIRE - MEDIEVAL SONGS & DANCES
REVAL'S TROUBADOURS



Improvisation. Mit ganzem herzen. Yo me enamoré de un aire. Prendes i garde. A la una yo nací. Hodie Christus natus est. Temp gwell eo gwinn. Alleluia Laetatus sum. Avrix mi galanica. Por nos de dulta tirar. Uri tsafon. Ondas do mar de Vigo. Improvisation Tibet. Virgo Dei Genetrix. Domna pos vos. Gaudeamus. Basse dase appelee. Laude novella. A ni tsa me.

 

Reval´s Troubadours: Anna Lüssa Heller (percussion, recorder, kannel), Janno Pokk (nycelharp, voice, percussion), Maarja Uus (recorder, lute, percussion), Endrik Üksvärv (voice, percussion)

 

TROVADORES Y TROVEROS

Se recogen en este disco una selección de obras instrumentales y melodías con acompañamiento instrumental que podríamos englobar en varias clasificaciones distintas. Por un lado obras de carácter religioso pertenecientes al rito gregoriano, cántigas de la Corte de Alfonso X el Sabio, canciones profanas de origen sefardita y canciones medievales europeas.

Las obras de carácter puramente instrumental que incluimos son improvisaciones en el más puro estilo medieval recogiendo una inspiración que arropa y define una época extraordinaria en la historia de la música occidental europea.

Son los trovadores los que inician la historia documentada de la música profana. Entendemos por trovadores (trobadors) a los poetas de la Francia meridional que, aproximadamente entre los años 1050 1292, escribieron canciones en provenzal, poesías destinadas para el canto. Por el contrario, entendemos por troveros (trouvères) a los poetas de la Francia septentrional, que entre 1145 y 1300, escribieron canciones en francés e igualmente las cantaron.

Fueron los apasionados románticos del siglo XIX quienes re-descubrieron la lírica provenzal, cortesana, áulica y caballeresca. Esta poesía culta que celebra a la mujer y al amor, se difundió desde Provenza y se renovó durante los siglos XII y XIII en Inglaterra, España (Cataluña y Castilla) y en Sicilia; influyó en los Minnesänger alemanes y transcendió al gran arte de Petrarca.

Debemos ser conscientes cuando nos acercamos a esta música de su doble vertiente poética y musical. Es muy importante el tener siempre presente las condiciones sociales del nacimiento, difusión y ejecución de las canciones trovadorescas. La música se asociaba a la poesía de una manera difícil de precisar pero lo cierto es que príncipes y plebeyos, profesionales y diletantes impulsados por su espíritu artístico, dictaban, escribían o repetían canciones, las interpretaban o les adaptaban música ajenas, o incluso consentían que otros músicos las rehicieran. La transmisión oral logró una trasformación y globalización que difundió de manera espectacular la actividad poético musical.

Se ha dicho que aunque España no tuviera otro monumento musical que el de las Cantigas, bastaría éste para colocarla entre las naciones musicalmente más privilegiadas de la Europa medieval. Para suerte nuestra, el fondo musical conservado de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio presenta ejemplos acabados de lirismo encantador que no tiene igual en los otros fondos medievales existentes; algunas tonadas de las Cantigas de loor sirven de maravilla para imaginarnos de qué modo cantaría aquella música trovadoresca gallega, a la que tanto se había habituado la corte Castellana. No siendo esto suficiente en 1915 se descubrieron en Madrid las seis Cantigas de amigo de Martin Codax, trovador gallego del siglo XIII, originario de La Coruña. Las melodías gallegas de Martín Codax revisten una importancia extraordinaria para la historia musical europea, por ser el único ejemplo existente en Europa de canciones amorosas en boca de la enamorada, conservadas con música. Reina también en las mismas un lirismo popular de alto vuelo y un sentimiento de añoranza apenas igualado por la canción tradicional gallega. Aunque las cadencias melismáticas de estas canciones recuerdan las similares de las laudes italianas y de algunas melodías alemanas de los Minnesänger, no tienen nada que ver con ello; en cambio evocan el recuerdo de otras canciones agrícolas conservadas por tradición en boca del pueblo español. Difícilmente se hubiera encontrado en Europa otra Corte tan rica en poetas y músicos como la del Rey Sabio, donde alternaban trovadores provenzales y gallegos, juglares de Castilla y otros venidos de los diferentes países hispánicos y europeos. Allí figuraban también juglares moros y judíos. Tal intercambio musical, por lo rico y variado, originó una floración musical portentosa, cuyo resultado aparece en las 423 melodías alfonsinas conservadas. En las miniaturas de las Cantigas de Santa María figuran más de treinta clases de instrumentos tocados por juglares moros, judíos y cristianos. La mayoría de estas cantigas son fundadas en hechos acaecidos en tiempo del Rey Sabio y de su familia, en cuentos locales y principalmente en anécdotas milagrosas. Hay cantigas inspiradas por historias legendarias de carácter universal muy en boga por Europa en aquella época por medio de versiones poéticas en latín o en vulgar. Los temas son a veces tradicionales e históricos; otras veces son fantásticos e infantiles.

Sefarad era la tierra más occidental de Europa por ello los judíos españoles eran conocidos como sefarditas. La música sefardita encontraba su máxima expresión tanto en Castilla como en Aragón y bebe en las fuentes populares castellanas y aragonesas. La influencia árabe es evidente tanto en el ritmo como en la instrumentación pero el resultado final es un mestizaje árabe-judío-cristiano. Cantadas en castellano la temática fundamental es la amorosa aunque encontramos también canciones de boda y cuna.

Los cantos de la iglesia cristiana de Occidente se denominan gregorianos en sentido literal, debido al pontífice que, por vez primera entre los siglos VI y VII coleccionó las preces nacidas y transmitidas hasta entonces. Por lo tanto la expresión Cantus gregorianus comprende todas las cantinelas litúrgicas oficiales, únicamente vocales, de la Iglesia católica romana. A partir del siglo XII o XIII, el canto gregoriano se llamó cantus planus, canto llano, es decir, no medio, y se le distinguía del canto figurado, música mensurata, cuyos sonidos tenían duración variada. Para que el canto de los cristianos se distinguiese netamente del que usaban los paganos, los instrumentos quedaron excluidos del culto. En el siglo IV fueron prohibidas las voces femeninas a fin de obtener una mayor severidad de las costumbres en los templos. Los solistas, escogidos y expertos, podían adornar sus propios cantos; el pueblo, por el contrario, ejecutaba una cantinela silábica y fácil. De aquí se extraen los principio básicos de la austeridad del canto gregoriano, el asunto religioso, la severidad el dogmatismo casi de una expresión que sin embargo tiene un poder y efecto único en nuestra espiritualidad, entendiendo por espiritualidad aquel sentimiento que acerca al hombre a lo no humano.

CD: 15.95 €
CD: 11.95 €
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