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LA MÚSICA PARA PIANO DE FACUNDO DE LA VIÑA (1876-1952). VOL. 35
ISIDRO RODRÍGUEZ (PIANO)



Romanza sin Palabras. Palique. Epitafio. Vals en La. Seis Impresiones (Andaluza. Culto Antiguo. Melodía. Era el Dragón. Sueños. La Fuente Abandonada). Nocturno (Mib m). Como es Ella. Appassionato Vals. Nocturno (Lab m).

El compositor Facundo de la Viña y Manteola nació en Gijón el día 21 de febrero de 1876. Con tan sólo 6 años se mudó junto a su familia a Valladolid, ciudad en la que adquirió sus primeros conocimientos musicales de la mano de Carmen Yepes y López y su hermano José Yepes. Allí el joven preparó sus exámenes de ingreso a la Escuela de Música y Declamación de Madrid.

Entre 1888 y 1893 cursó sus estudios de piano junto a Dámaso Zabalza, solfeo con Antonio Llanos Brete y armonía con Pedro Fontanilla para realizar, a continuación, sus estudios de composición junto a Tomás Fernández Grajal y Emilio Serrano mientras recibía lecciones particulares de José Tragó, formación que terminó de manera sobresaliente. Además, debido al impacto que la obra de Richard Strauss le produjo en 1898 -año en el que el maestro alemán viajó a Madrid por primera vez- el joven compositor se decantó por el poema sinfónico como esquema formal a partir del cual plasmar sus inquietudes estéticas en el campo orquestal.

Entre 1900 y 1904 entró en contacto con el Padre Nemesio Otaño quien, destinado en el Colegio San José de Valladolid, fue su alumno de piano y le puso en contacto con las teorías de Federico Olmeda y Felipe Pedrell sobre la importancia del canto popular, lo que llevó a De la Viña a decantarse por la inspiración en el folklore de Castilla, una constante en su producción.

Fue uno de los pocos compositores españoles que, a principios de la centuria pasada, consiguió hacerse un hueco en las programaciones de la Orquesta Sinfónica de Madrid y de la Orquesta Filarmónica de la capital con obras como Hero y Leandro (1898) Canto de trilla (1907) Juventud (1907), Judith (1913), Sierra de Gredos (1915), A los héroes del mar (1917-1918), Covadonga (1918) o sus Tres impresiones para orquesta (1927), varias de ellas premiadas en concursos nacionales. Por otro lado, realizó importantes incursiones en el género lírico –varias de ellas también galardonadas- sin abandonar, al mismo tiempo, el cultivo de los repertorios cancionístico y pianístico. Almas muertas (1905), Hechizo Romancesco o La Princesa Flor de Roble (1912-1913) –de clara influencia wagneriana- y La Espigadora (1924-1925) son sus óperas más relevantes, esta última estrenada en el Liceo de Barcelona a comienzos de 1927 con enorme éxito. Sin embargo, su inamovible estética posromántica –a excepción de breves incursiones en el uso de elementos impresionistas y neoclásicos- fue decisiva a la hora de que sus obras no llegasen a permanecer en las programaciones nacionales.

Facundo de la Viña fue uno de los numerosos maestros que permanecieron en España tras la finalización de la Guerra Civil perfectamente adaptado a la nueva realidad y desarrollando un importante papel en el “renovado” panorama musical de la España franquista. Formó parte del cuerpo de profesores del Conservatorio madrileño desde 1939 hasta 1944 y en 1940 entró a formar parte del Consejo Nacional de Música convirtiéndose en una de las figuras más relevantes e influyentes del panorama musical del momento. A partir de 1942 comenzó una intensa tarea compositiva de la que sus poemas sinfónicos Meditaciones. Canto a la muerte de San Francisco Javier y Poema de la vida. Cinco cantos para orquesta, son ejemplo.

En 1952 De la Viña falleció en su domicilio madrileño, un músico incansable que había luchado por hacer de su música un homenaje a Castilla.

CD: 15.95 €
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